El presente ensayo desarrolla tres puntos clave:
- La capacidad de los sectores populares e indígenas de generar unas formas propias de gestión del territorio, como también unas institucionalidades, que logran jugar un papel central en
la definición de espacios públicos, su construcción y gestión, en el aprovisionamiento de servicios básicos, en el control de rutas económica y geopolíticamente estratégicas, y en la articulación entre regiones y mercados que tradicionalmente habían sido percibidos como socioeconómicamente incompatibles. - La capacidad de ciertas formas de operación, llamadas
tradicionales, como el pasanako o las formas de pertenencia basadas en la fraternidad o en la comunidad de origen de operar en pleno corazón de la economía global, no solamente como instancias en vía de extinción sino como herramientas capaces de forjar modalidades de participación en el mercado, en los términos de estos actores. - Cómo los actores populares en vez de buscar el reconocimiento de instancias de poder externas operan una serie de intervenciones de iniciativa propia permeando el territorio, delimitando y reintegrando fronteras y tejiendo regiones y actores diversos del país de tal forma que muy a menudo las instituciones oficiales tienen que recurrir a estas institucionalidades y actores articulados para que el país opere.
